EL AMOR EN TIEMPOS DE ODIO

Comencemos bien. Las sociedades modernas son sociedades enfermas de odio, el cual es inoculado en el individuo de mil formas distintas a través de lo que llamamos tradiciones. Muchas de estas tradiciones se visten de ideologías, bien políticas, religiosas o de cualquier otra índole.

libertad en fuga
Las ideologías encarcelan al ser humano en sus propios miedos

Una ideología es un conjunto de ideas que dan cuenta de la realidad o una parte de ella y que se fosiliza, paralizando, limitando la labor creadora y transformadora del espíritu humano. Ideas que se encierran dentro de los muros ideológicos y no se permite diálogo alguno sobre ellas. Son los dogmas que serán transmitidos de generación en generación dentro de un grupo o sociedad. Son las causas de las discordias humanas, tanto a nivel individual como a nivel de comunidades. Aclaremos algo antes de seguir. No todas las tradiciones son nocivas para el individuo o para la sociedad donde se desarrollan. Para distinguir entre tradiciones nocivas de las no nocivas, podemos seguir una regla general, a saber, toda tradición que no segregue a un ser humano por sus creencias, del tipo que sean, se pueden catalogar, en principio, como no nociva.

Tú eres tu Libertad de Ser
La Libertad de Ser te permite crear tu esencia como ser humano

Anexo a esta regla podríamos agregar un inciso que manifestara que una tradición, creencia, pauta de comportamiento, jamás puede estar por encima del ser humano y su libertad de Ser. Una libertad de Ser que  nada tiene que ver con libertades como la de poseer, tener o hacer. La Libertad, con mayúscula, solo es propia del Ser.

LAS MAQUILLADAS SOCIEDADES DEL ODIO

   Las sociedades enfermas de odio suelen maquillarse de mil maneras distintas, pues abusan y tergiversan uno de los instrumentos que define al ser humano, su lenguaje simbólico. Las sociedades del odio se definen a sí mismas, se auto definen, en tantos casos, como la verdad suprema, la realidad última, la absoluta evidencia de que las cosas son como ellos la definen.

El lenguaje del odio se expresa de mil maneras y solo tiene un fin, la anulación del otro

El lenguaje simbólico, siendo un instrumento para el reconocimiento del Ser que habita en todo ser humano, es utilizado por los egos y las tradiciones que encarnan para manipular a los otros seres en busca de que caigan en sus redes. El lenguaje del Ser no necesita imponerse porque cuando alguien se reconoce como Ser, termina su batalla contra el mundo y las creencias que en él habitan. El lenguaje del ego, de las tradiciones, de las ideologías, se impone porque no tiene ninguna otra forma de sobrevivir si no es a través de violentar al otro y encadenarlo a su forma de entender, ver y vivir la realidad por ellos sostenida. La historia humana está llena de ejemplos de sometimientos de todo tipo, pero no solo la historia, sino el tiempo presente se caracteriza por el dominio y esclavitud de unas tradiciones nocivas, creencias fallidas, sobre otras. En una sociedad enferma, el ser humano que nace en su seno, muy pronto está llamado a contagiarse de ese odio que se inhala aún antes de nacer.

Muchas tradiciones, transmitidas con todo el amor del mundo, solo nos alejan de nuestro Ser

En estas sociedades del odio, maquilladas con mil disfraces para embellecer el Mal, no hay salida colectiva a esa situación. La salida es siempre individual. Los modelos sociales, con sus mil y una tradiciones, han fallado siempre en la búsqueda de las utopías porque el despertar al Ser, que garantiza la emergencia de un ser humano y no solo un ser gregario, es una tarea individual. Otra cosa muy distinta es que, teóricamente, podría haber modelos sociales que permitiesen que ese Ser que habita en toda consciencia se le permitiese emerger de una forma tranquila, armónica, en paz. Pero no hay que ser muy despierto para darse cuenta que, hasta hoy en día, la especie humana no ha construido ninguna sociedad que valorase que su razón de ser fuese el despertar y desarrollo del ser humano como Ser. Simplemente se han construido sociedades en base al ego y los miedos que en él afloran, que no son pocos. Si encima se construyen sociedades con base en la lucha por los recursos materiales que pertenecen a todos y encima se lucha desde la atalaya de la escasez y no del conocimiento, pues se echa más leña al fuego de estas sociedades enfermas y el ciclo de las tradiciones nocivas, de las creencias fallidas, vuelve a comenzar.

CÓMO LIMPIAR NUESTRA MENTE DE ODIOS EN UNA SOCIEDAD ENFERMA

   En un restaurante estaban cenando varias familias en una mesa acomodada para tal número de personas. Los hijos de estas familias, pequeños gigantes que no pasaban de los diez años, estaban alborotando el ambiente, tirándose servilletas, lanzándose agua, etc. Un señor, que estaba compartiendo con su esposa e hija cerca de estas familias, se levanta e increpa, casi de una manera iracunda, a los adultos de aquella gran mesa ¡si fueran hijos míos, ya les hubiese castigado y los hubiese obligado a pedir perdón! Una madre aludida se levanta y le contesta “si fueran hijos suyos yo hace tiempo los hubiera mandado a callar y comportarse como debe ser”.

creencias encadenadas
Las creencias fallidas encarcelan nuestra mente y nos impiden ser libres

   En una sociedad enferma de odio no se enseña a convivir bajo la regla de que el respeto al otro es la base de tu propio reconocimiento como Ser. Cada cual se encierra en su propia zona de confort, en su limitada realidad. El relato anterior no se puede interpretar y valorar solo como si ese suceso fuese una cuestión de comportamiento social, como un inadecuado comportamiento en un lugar público, sino que su valoración tiene que partir del hecho de que esos niños no han sido educados bajo el prisma del Ser, sino de una tradición concreta que solo obedece a sus propias reglas y, en este caso, bien grotescas. Si no queremos el mal para nuestros hijos, debemos partir que no podemos desear el mal para los hijos de otros. Si no queremos el mal para nosotros mismos, no podemos desear el mal a otros.

   Romper la inercia del odio en una sociedad que funciona con el motor del odio como bandera y carburante del entramado social comienza con limpiar la mente, cada cual la suya, de ese mal. Limpiar la mente de ese mal consiste en reconocer el mal en sí mismo.

La frecuencia del Amor traspasa cualquier océano de odio

La cita de Jesús de Nazaret que alude a ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, viene muy bien a lo que intento transmitir. Reconocer el mal del odio comienza con reconocer que toda persona tiene esa semilla dentro de sí. Una semilla que sí, no nos define como Ser, pues el Ser está por encima de las infinitas formas de ser, pero que heredamos de tradiciones que no son las correctas a la hora de despertar al Ser y mucho menos a la hora de formar una sociedad armónica entre sus partes. No crean que es fácil dar este paso que permita reconocerse cada quien como portador del mal, pues la tendencia y creencias inculcadas siempre te dirán que el mal es el otro. Y sí, también es cierto, pero romper ese círculo vicioso de destrucción y muerte no se logra encerrándose cada uno en su zona de confort o mirando hacia otra parte,  sino saliendo de ella y haciendo frente a todas aquellas tradiciones que te han enseñado y que te llevan a alejarte del otro porque, dicen, es completamente distinto a ti.

¿PUEDE EL SER HUMANO SOBREVIVIR EN ESTOS TIEMPOS DE ODIO?

   Las estructuras socio-políticas sobre las que descansan las ingentes formas de organizar la sociedad están contaminadas, una más que otras, del virus del odio. Son muy recientes los intentos de superar este virus de una manera colectiva aunque, como planteé líneas atrás, están “predispuestos” al fracaso.

Siembra amor
Si sembramos odio ¿qué podemos recoger?

Jesús de Nazaret no vino a cambiar la sociedad, no vino a implantar normas, reglas, mandamientos ajenos al hombre en su mismidad. Jesús sabía que el único camino para que el todo cambie, es que cada parte cambie porque en cada parte está el Todo. El único camino posible para revertir la inercia desbocada del odio en las sociedades humanas pasa por el reconocimiento de que no somos seres aislados, que nadie puede sobrevivir encerrado en su concha particular, en su pequeña parcela de realidad. Solo hay una forma de superar el odio y es el amor. No hay otro camino. Y el amor es la capacidad de dar lo mejor de ti a tus semejantes sin nada esperar. Un gesto de amor se reconoce en las más simples acciones del día a día. Y ese acto es irremediablemente, inequívocamente, individual. Solo tú tienes el poder de amar y no dejarte arrastrar más por el odio. No hay tradiciones, ideologías, fórmulas mágicas ni dietas milagrosas para la mente que te obliguen a ser lo que no eres. El ser humano no nace para odiar ni nace determinado para perpetuar el odio que le pudieron haber inyectado al nacer, sino que la característica del ser humano es su capacidad para transformar el odio en amor. Te inyectarán mil creencias diciendo que esto no es posible, pero si te dejes convencer de que el odio es superior al amor, te habrán anulado como individuo, pero jamás como Ser, pues tu Ser es parte inseparable del Ser Supremo, llamen como lo llamen, entiendan como lo entiendan.

reconstruyendo el amor
El amor en tiempos de odio reconstruye todo

   Se puede sobrevivir en estos tiempos de odio porque tú eres más que la suma de todas esas identidades que parten del ego, tu nombre, tus creencias, tu religión, tus posesiones, tus títulos educativos, etc., etc. Tu verdadera y única identidad es con el Ser que eres.

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