LA BANALIDAD DEL ODIO Y CÓMO SUPERARLO

   Comencemos bien, el odio, ese ímpetu de hacer mal y causar sufrimiento,  es algo propio del hombre en sociedad, pero no del ser humano como tal. Me explico de otra manera. Ningún ser humano nace con un gen que lo condene a odiar como nace con los ojos de un determinado color porque unos genes así lo “determinaron”.

Siempre se pueden superar las barreras
El odio no está inscrito en el ADN

Los atributos físicos no son atributos del Ser. No podemos confundir el envoltorio con el caramelo. El odio, sí, es una enfermedad, pero una enfermedad social que involucra y contamina al individuo como célula básica de ese concepto de sociedad. El odio se transmite a través de las generaciones en lo que suele llamarse tradición y no solo se transmite, se acrecienta de generación a generación hasta llegar un punto crítico que desemboca en una manifestación abierta contra los que se consideran enemigos de esa tradición. Sí, las tradiciones  se manifiestan en ideologías, en formas de entender la realidad del individuo y la realidad social de una determinada, única y absoluta manera, y toda ideología necesita de enemigos para sobrevivir, pues esa es su razón de ser. Siendo la realidad humana una, las ideologías alimentan la idea que la realidad son múltiples. Confunden, no ingenuamente, la realidad con sus manifestaciones, que sí, pueden ser tan propias como individuos conforman el grupo social. El sol no cambia de color aunque cada uno lo mire y lo vea de una manera y desde un ángulo diferente.

EL ODIO COMO INSTRUMENTO IDEOLÓGICO

   La banalidad de odio surge de ver al odio como algo natural, como si odiar fuese propio del hombre, sin percatarse que el hombre tiene en sí todas las posibilidades de ser, pero que no está condenado a ninguna de ellas. El hombre odiará porque nace entre odio, nace entre sociedades enfermas de odio, y, para más inri, se le enseñará a odiar más aún si cabe, pues el odio con odio se paga, suelen creer.

Sociedades enfermas
El odio es una enfermedad social, no del individuo como Ser

Lo llamarán tradición, legado, “mi realidad”, pero no es más que la inercia que se imprimió en un momento dado a un montón de creencias fallidas  y que fue acrecentándose hasta convertirlas en una bola de nieve que va arrasando, siglo tras siglo, las relaciones humanas y las relaciones entre los diversos pueblos del mundo. Las creencias fallidas que alimentan el odio, ese deseo de hacer mal y causar sufrimiento, se alimentan de lo que el hombre hizo y hace, no surgen, jamás, de lo que el hombre es. Puede parecer duro para muchos leer que el hombre es inocente de sus crímenes, pero, si hay algún culpable, es la ignorancia que lleva al hombre a no descubrir en sí mismo, y en los otros, el Ser que es y que es por encima de todas las identidades, creencias y pautas de comportamiento que pueda tener. El ego humano sufre de una miopía tremenda a la hora de reconocer al Ser del que procede y encima se pone las gafas de las ideología para ver mejor sin percatarse que ellas lo dejan ciego del todo.

TÚ ERES TU PROPIO ANTÍDOTO CONTRA EL ODIO

   Superar la banalidad del odio solo es posible a través de un esfuerzo individual. No hay gurús porque tú eres tu propio gurú, no hay mapas porque tu eres tu propio camino. En una sociedad enferma y que solo es capaz de transmitir la indiferencia al mal a través de un consumismo desmedido teñido con el embriagante aroma de las nuevas tecnologías, de fomentar las ideologías como solución al odio que ellas engendrar aludiendo a “yo tengo la razón” , no puede el individuo encontrar el camino para superar la banalidad del odio.

De to depende
Un individuo sin el odio como bandera, creará una sociedad sin odio

Repito, solo el esfuerzo del individuo, ante la perplejidad que le pueda producir el sin sentido en el que vive -pues, no olvidemos, el odio no es connatural al ser humano- es la única vía de escape para salir de esta vorágine de odio y sufrimiento. No se trata de cambiar el mundo, sino de cambiar cada uno, dentro de su parcelita de realidad, para que el mundo logre alcanzar lo que hoy en día parece inalcanzable, una sociedad de seres humanos y no una sociedad ideológica basada en la lucha por dominar y esclavizar al otro. Las ideas, que moldea la capacidad creadora del hombre y lo definen como ser creativo, como alguien llamado a encontrarse con la esencia de su Ser, no  nacieron para ser encerradas en las mazmorras ideológicas, sino para volar hacia la libertad, pero la libertad de Ser no la libertad encadenada a una u otra ideología, a uno u otro dios. Hay formas distintas de organizar las sociedades humanas para lograr trascender estas sociedades enfermas de odio que caracterizan a las sociedades de hoy en día. No se necesitan superhombres, solo seres humanos que quieran despertar a su condición de Ser y dejen aparcadas sus creencias fallidas en el baúl de los recuerdos.

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