LAS INSANAS ZONAS DE CONFORT

Sí, las zonas de confort, esas barreras físicas, mentales y hasta espirituales que se alzan para sentirse cómodo, no son más que espejismos que encierran un insano hábito tanto para la vida mental, física y espiritual del individuo como para la armonía social de cualquier grupo humano. Las zonas de confort no son más que muros que se alzan por el miedo a enfrentar una singularidad, la que sea y, ante ese miedo, la opción es siempre encerrarse en estas celdas de la mente. Profundicemos.

EL ORIGEN ANCESTRAL DE LAS ZONAS DE CONFORT

   Se puede estar tentado a creer que la noción, el concepto de zonas de confort está íntimamente relacionado con las modernas sociedades informatizadas y consumistas, pero la realidad es que se remonta al comienzo mismo de la sociedad humana.

Toco comenzó hace mucho tiempo
Las zonas de confort se pierden en la noche de los tiempos

El concepto mismo de zonas de confort está ligado al individuo en sociedad, al individuo que está impelido a relacionarse con otros individuos e interactuar con ellos para la supervivencia del grupo. La ficción de un individuo aislado del grupo no es más que el relato filosófico para alcanzar ciertos análisis sobre el comportamiento humano. Mas fuera de este tipo de herramienta intelectual, el individuo, como concepto del mismo análisis, carece de sentido fuera del grupo. Pero el grupo, la sociedad, desde sus mismos inicios,  no es un lugar armónico, placentero, donde el individuo se desarrolla en busca de sí mismo. Ese cuadro bucólico en el que un grupo humano recorría los paisajes naturales del planeta en busca de su alimento mientras por las noches, al calor de una hoguera, contemplaban las estrellas mientras contaban batallitas, es reducir mucho la realidad del naciente hombre en sociedad y es más un producto de un anhelo que de una realidad objetiva. Desde los mismos comienzos del desarrollo de la consciencia, la incomodidad de saberse distinto, de buscar más allá de sí mismo lo que, paradójicamente, se encontraba en el interior, llevó al ser humano a anclarse más en su ego que en su “corazonada”, que en su “intuición” de sí mismo como parte del todo.

retorno
Salir de las zonas de confort es reencontrarse el hombre consigo mismo

El ego lleva en sí la semilla de la semilla de la supervivencia y la supervivencia es la finalidad de toda zona de confort. No se buscan las zonas de confort por arte de magia o buscando nuevas y exóticas experiencias, sino porque su búsqueda está inscrita en nuestro ego como forma de “garantizar” la supervivencia, como certeza de “todo irá bien”. En cierta medida, las zonas de confort son producto del nacimiento en el ego de la noción de tiempo. Las zonas de confort representan la seguridad en el mañana. El mañana se contrapone al ayer y se manifiesta en el hoy, en el presente. Las zonas de confort buscan hoy la seguridad del mañana pensando, comparativamente, en el ayer. No he aprendido de los golpes, no me puede pasar lo que le pasó a fulanito, no me puedo dejar vencer por el mundo, etc., etc., son expresiones que señalan esa relación íntima entre zonas de confort y el tiempo.

DÓNDE QUEDA EL OTRO EN LAS ZONAS DE CONFORT

   Más si las zonas de confort no es más que una búsqueda de la seguridad para el mañana del sí mismo frente al grupo, qué pasa con el otro. El otro también busca sus zonas de confort o así lo intuye el individuo en sociedad. No podemos olvidar que el desarrollo de la autoconsciencia grupal es posterior al hecho mismo de la creación y supervivencia del grupo.

Hacer para deshacer
Las distintas moralidades construyen sus respectivas zonas de confort

Por decirlo de otro modo, las zonas de confort ya nacen en la manada antes de reproducirse en el grupo. La necesidad de asegurarse la supervivencia frente a los otros se pierde en la noche de los tiempos. La colaboración entre individuos parte del hecho de que el individuo mismo sabe que dicha colaboración puede ser útil para sí. El acento de esta colaboración es el para sí. Ahora bien, qué pasa con la moralidad, sea cual sea, que va emergiendo en los distintos grupos, en las distintas civilizaciones humanas. La moralidad nace como la necesidad de hacer frente a lo desconocido, a lo que va emergiendo de esa mente humana, de ese ego humano, que se va formando a través del tiempo. Si la “chispa divina” es “colocada” en ese organismo bípedo homínido en algún momento de su historia de una manera única, su ego, el ego que irá formándose en aquel bípedo es mutable a lo largo del tiempo y, en cierta medida, frente a la lucha por su supervivencia, emerge en él la necesidad de adentrarse en la esfera de los otros.

depredador virtual
¿Tus zonas de confort son las zonas de sufrimiento para otros?

La moralidad, en cierta medida, es el reconocimiento de los otros como buscadores de lo mismo. La moralidad, que nace en el ego, por el ego y para el ego, es un canal que se abre para llegar a esa “chispa divina” que encierra lo humano dentro de sí y que comparten como humanos. No importa, dentro de estos contextos, el contenido particular de cada moralidad que va emergiendo en la evolución humana. Esa moralidad permite trasladar la zona de confort individual al grupo creando círculos de interés en torno a algo. Ese interés, los que compartan esos intereses, buscarán para sí las zonas de confort subyacentes.

tú puedes romper las ataduras
Te querrán imponer sus zonas de confort, pero solo tú les das acceso

La jerarquía social no nace como algo connatural al ser humano, el más fuerte sobre el más débil, el más hábil frente al menos hábil, sino como fruto de un ego que va dividiendo el mundo en zonas distintas, entre otras las del conocimiento o las zonas de confort. En suma, el otro será respetado si comparte las mismas zonas de confort (intereses) que yo. De no hacerlo, no existe ¿les recuerda algo? ¿Les recuerda a alguien? 

¿QUÉ HACER CON LAS ZONAS DE CONFORT?

   Pues, paradójicamente, las zonas de confort, sirven para mucho. Es como el concepto de infierno, sin existir, sirve para encontrar el camino hacia una vida concreta, que sí existe, y que lo aleje de lo que no desea para sí ni para los otros.

tú y tus zonas de confort
Tú tienes las llaves para salir de tus zonas de confort

Sí, las zonas de confort, decía líneas atrás, abren caminos hacia los otros que comparten los mismos intereses, una misma, por decirlo de algún modo, moralidad, pero este mismo hecho puede servir para redirigir la mirada. Sí, cambiar el ángulo de la mirada sobre un objeto permite cambiar la perspectiva sobre él y al cambiar la perspectiva, cambiar la interpretación. Cada instante el hombre está abierto a ser otro, acercarse a los otros, si es capaz de ver con una mirada limpia a los otros. Las zonas de confort, los distintos grupos que comparten zonas de confort alineadas, pueden servir como los infiernos, como detonantes para hacer implosionar otra de las creencias fallidas que más daño han hecho sobre la humanidad como especie y es el de “tradición”.

depredador
Las zonas de confort son como depredadores para el alma humana

Sí, las zonas de confort se intentan transmitir como cultura, mi cultura frente a la del otro, mi tradición frente a la del otro. Contraponer las tradiciones, las culturas, desde la perspectiva de zonas de confort, puede servir para abrir los ojos a que más allá de mi zona de confort puede haber una zona de confort humana global. Quizá el desarrollo de las telecomunicaciones de este naciente siglo XXI no sea solo un producto para ser mercantilizado, sino sirva para allanar el camino hacia una zona de confort que no englobe a un grupo concreto, sino a la humanidad como un todo.

   Las zonas de confort no serán útiles mientras el hombre no descubra que la supervivencia de sí mismo no depende de su particular zona de confort, sino de una zona de confort compartida no por un grupo, sino por la humanidad entera.

el yo no tiene sentido
Carpe diem no tiene sentido dentro de la burbuja del sí mismo

Quizá en otras épocas el ego humano era incapaz de llegar a los otros, en tu su complejidad, sin caer en las tradiciones particulares, pero hoy en día, la posibilidad de trascender esas tradiciones no viene de la mano de años de experiencia, viajes, lecturas, etc., etc., sino al golpe de un clic. Quizá, solo quizá, las zonas de confort se conviertan en confort para cualquier zona donde viva un ser humano. En ese instante la humanidad habrá despertado a sí misma y no necesitará más zonas de confort.

Un comentario sobre “LAS INSANAS ZONAS DE CONFORT”

  1. ES ASOMBROSO ESTE TEMA, Y LAMENTABLEMENTE ME HE DADO CUENTA QUE HE ESTADO VIVIENDO EN UNA ZONA DE CONFORT POR MUCHO TIEMPO, PERO ESTE ARTICULO ME AYUDÓ A ANALIZAR MI SITUACIÓN, MIL GRACIAS

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