SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD. PARTE I LAS VÍCTIMAS

Hay una canción de un grupo habanero, Buena Fe, que, en una de sus estrofas, dice “la culpa, la maldita culpa, no la tiene nadie” ¿esto es así? ¿Somos todos inocentes de sembrar y padecer sentimiento de culpabilidad? ¿Qué encierra ese sentimiento de culpabilidad?

EL ORIGEN DEL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

Cómo nace el sentimiento de culpa y, más importante aún, por qué nace esa sensación de remordimiento que, en la mayor parte de los casos, impide un desarrollo apropiado de la psiquis humana y, en no pocos casos, lleva también a malestares físicos de todo tipo. Veamos.

La culpa ¿qué es la culpa? Jurídicamente hablando la culpa no tiene mucho que esconder, se trata, a grandes rasgos, de la infracción a una ley o una norma. Aquellos que infringen la ley se les considera culpables y conlleva su actitud un castigo. Sin embargo, como todo el mundo sabe, no siempre es así, hay culpables que esquivan el castigo e incluso terminan siendo inocentes y hay inocentes que son considerados culpables por las artimañas de quienes así los acusan. Además, está el problema de base ¿Quién hace las leyes, para qué las hacen y a quienes benefician en última instancia? Ya pueden ver que la culpabilidad jurídica tampoco queda exenta de un entramado bastante complejo de intereses y mezquindades.

El sentimiento de culpabilidad es, en muchos casos, creado, fomentado y manipulado por las estructuras de poder

Hay quienes sostienen que, más allá de la teoría, la práctica de la ley en los Estados modernos solo es una cortina de humo para validar, legitimar, la opresión de unos hombres sobre otros. Realmente no están equivocados. Pero en esta primera parte de este post dedicado al sentimiento de culpabilidad, lo que realmente nos interesa es desnudar el concepto de culpa y su relación con las víctimas de dicho sentimiento. Nos preguntábamos qué es la culpa. Lo primero que debemos tener presente es que la culpa siempre es una reacción ante algo que hemos hecho, pensado, insinuado, ocultado, dicho, etc., etc. Y esa reacción a qué se debe. Por qué y ante qué reaccionamos haciéndonos sentir culpables. Estamos acercándonos al sentimiento de culpa. La culpa no nace como un actuar ante una necesidad como puede ser el hambre, el deseo de enamorarse, la necesidad de descansar, etc., etc., sino es una reacción. Se reacciona ante una fuerza que viene de afuera, aunque, y aquí está uno de los quid de la cuestión, los sintamos desde muy adentro. El sentimiento de culpabilidad, la culpa, nace de una confusión entre ese mundo externo que se nos impone, al que tenemos que enfrentar o afrontar y el sujeto que va moldeando toda su identidad en base a esas experiencias. Desde esta perspectiva, la culpa, la maldita culpa, no la tiene nadie. Dicho de otra manera, la culpa no es una necesidad ante la que el hombre tenga que actuar para mitigarla, sino es algo impuesto que se presenta como algo natural, como algo propio del individuo. Sin embargo, es algo que se inoculó a través de las experiencias, pero para qué. Qué propósito tiene la culpa. Veamos.

EL PROPÓSITO DEL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

   La culpa es un sentimiento inoculado que tiene el fin último del control y dominio del otro. Pero lo paradójico es que, como planteaba antes, es un sentimiento que el individuo toma como propio, como algo que nace de su propia identidad. Se siente culpable y no se percata que esa culpabilidad ha sido sembrada, en muchísimos casos, por su propia mano. Es el caso de las víctimas del sentimiento de culpabilidad, pero antes de hablar de ellas, daremos unas pinceladas más al propósito de este sentimiento que preña las relaciones humanas desde sus mismos orígenes en el camino evolutivo de la conciencia humana.

El sentimiento de culpabilidad es un instrumento de control y dominio

 Podemos decir sin temor alguno a equivocarnos que el sentimiento de culpabilidad nace como instrumento de control y dominio de los demás a causa del miedo que produce en el hombre el desconocimiento de su propia capacidad creadora de la realidad y su propia capacidad de transformar su entorno y transformarse a sí mismo. Acompañando a este desconocimiento de sí mismo, de su Ser, va emparejado, obviamente, el desconocimiento del otro. Sin poder reconocerse a sí mismo como Ser es incapaz de reconocer al otro como Ser. Miedo e ignorancia, el cóctel perfecto para que brote en el ser humano todo tipo de comportamiento que dejan mucho que desear para transformase en la conciencia cósmica que está llamada a ser. Volvamos, ahora sí, a las víctimas.

LAS VÍCTIMAS DEL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

   Víctimas del sentimiento de culpabilidad son todas aquellas personas que se sienten culpables por algo que han hecho, dicho, pensado, etc., etc. Pero, como dije anteriormente, no es un sentimiento que sea propio de ellas, sino es un sentimiento inoculado, aunque a la postre, como también dije anteriormente, ellas crean que son algo innato a ellas. El fin, el propósito, ya lo sabemos, el dominio o control del mismo individuo, pero cuál es el canal que se usa para inocular esos sentimientos de culpabilidad. Pues nada más ni nada menos que unas viejas conocidas, las creencias. Si en el ámbito geopolítico hubo una época que todos los caminos conducían a Roma, en el ámbito del espíritu en su batalla particular con la razón, todos los comportamientos, incluido el insano sentimiento de culpa, lleva a las creencias. Las creencias se han ganado a pulso el liderazgo de ser uno de los obstáculos mayores del ser humano para que alcance su despertar y su mayoría de edad en el cosmos. Las víctimas del sentimiento de culpabilidad creen ser culpables por desafiar, alterar, violar algunas de esas creencias que le han inoculado desde incluso antes de nacer y fueron formando eso que llamamos identidad y que no es más que una tradición que se niega a transformarse. Creencias fallidas hay de todo tipo y sentimientos de culpabilidad, por ende, también. En el ámbito religioso, qué decir. Han sembrado en la mente de muchos la idea de que, si no se comportan siguiendo las reglas de su Iglesia, cada cual con la suya, están condenados a todo tipo de infiernos y a un sufrimiento eterno. Otros han sembrado la idea que matar a los infieles los llevará directo a un paraíso con no sé cuántas vírgenes. Cuando alguien entra en un conflicto entre lo que le han enseñado, lo que le han dicho sobre su propia identidad y lo que él o ella sienten sobre sí mismos o sobre el mundo que les rodea, entramos en el terreno del sentimiento de culpabilidad. Ese conflicto, decía líneas atrás, se presenta como una confusión y se manifiesta como una lucha, por parte del individuo, contra sí mismo. No nacemos para sufrir ni hacer sufrir, ni para culpar a otros de nuestras decisiones, ni para ser esclavos ni para esclavizar a nadie, pero un sinfín de creencias fallidas, que solo tienen como fin el dominio y la explotación del otro, validan, legitiman esos comportamientos y cuando alguien “va despertando” a su Ser, uno de los primeros obstáculos a vencer es justamente reconocer que esos sentimientos de culpa no son más qué cárceles en los que se quieren encerrar el espíritu que somos, la libertad de ser que somos.

El sentimiento de culpabilidad engendra tendencias auto destructivas

   Qué decir de los sentimientos de culpabilidad creados por las ideologías políticas. Qué decir de aquellos que profesando una determinada ideología son capaces de discernir, en un momento de éxtasis, que aquellos que ellos tildan de enemigos no son más que ellos mismos en otra versión.  El sentimiento de culpabilidad sembrado en el terreno ideológico lleva a las víctimas a sentirse traidores a su causa, a la identidad que ellos creen que son.

   Ahora bien, cómo superar el sentimiento de culpabilidad. Veamos.

SUPERAR EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

  La primera medida es reconocer que se tiene un sentimiento de culpabilidad. Ese sentirse mal por algo hecho o dicho o, simplemente, por una intención que aún no se ha fraguado. Hay muchas personas que el sentimiento de culpabilidad lo desvían y lo ocultan en una especie de “piloto automático”, de “no pensar en ello”, en “lo hecho, hecho está”, “a lo hecho, pecho”, etc., etc. En segundo lugar, tras reconocer ese sentimiento de culpabilidad, ese sentirse mal, esa requemazón mental que no te deja estar tranquilo, lo siguiente es preguntarte que te llevo a ese sentimiento, qué es lo que realmente te molesta de esa “situación” que te ha llevado al sentimiento de culpabilidad.

Solo hay una forma de salir del sentimiento de culpabilidad y es tomando el timón de tu vida

En tercer lugar, ya teniendo la idea de qué te hace sentir mal, con ese sentimiento de culpabilidad que te carcome, lo siguiente es rastrear, en la medida de lo posible, el origen de esa creencia, de por qué te hace sentir mal. En cuarto lugar, si has logrado dar con la creencia base, con aquella creencia que te ha llevado a comparte de tal o cual manera y que con dicho comportamiento te ha llevado a sentirte culpable, es cuestionarte si realmente esa creencia la apoyas o no, la seguirás apoyando o no. En este momento hay un falso enfrentamiento del individuo consigo mismo y digo falso porque realmente el enfrentamiento es entre el individuo y otro individuo, léase familia, tradición colegio, etc., etc., que le ha sembrado esa creencia que, en un momento dado, lo ha llevado al sentimiento de culpabilidad. De ese enfrentamiento saldrá el fracaso o la victoria del individuo para superar ese insano sentimiento de culpabilidad.

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