ZONAS DE CONFORT: FALSA SALIDA DE EMERGENCIA

   Comencemos bien. Las zonas de confort no tienen salida de emergencia. Quien se encierra en ellas, está condenado a vivir y morir entre sus paredes. Las zonas de confort son las salidas de emergencia de sociedades enfermas, pero ellas mismas, repito, no tienen salida de emergencia. Lo peor es que quien entra no puede salir de ellas ni siquiera devolviéndose sobre sus pasos, por mucho que lo desee y lo intente. Al entrar en tus zonas de confort, cierras la puerta y tiras la llave a un abismo insondable.

LAS ZONAS DE CONFORT Y LA TRADICIÓN

   Muchos podrán pensar qué tiene de malo las zonas de confort y quién va querer salir de ese oasis viendo los desiertos que hay a su alrededor. Sin embargo, la naturaleza humana, la esencia que habita en el hombre tras los espejismos de sus falsas creencias, tiende a la preocupación por los demás congéneres.

Hay caminos cuyas huellas solo el amor puede borrarlas

El odio hacia el otro es inculcado, es una enfermedad social, sin embargo, el amor nace con el hombre. El ser humano no es un diablo al nacer, se convierte en diablo por las mismas sociedades enfermas que lo han visto nacer. Incluso antes de nacer ya le inyectan mil y una creencias, la mayor parte de ellas, sino todas, fallidas. El neonato, esa criatura bendecida y amada por unos padres entusiasmados, nace con los mismos errores que tienen sus progenitores. No solo heredan nuestros niños los rasgos genéticos, sino, lo más dañino, las creencias que sostienen la misma familia y el grupo social al que pertenecen ¿Desde cuándo sucede esta fatídica transmisión? Desde el mismo comienzo de la evolución humana. Quizá en sociedades más primitivas, las creencias eran más sencillas y menos dañinas. El grupo aún prevalecía sobre el individuo, la cooperación frente a la competencia, la equidad frente a la desigualdad.  Al crecer la complejidad de las sociedades, también comenzaron a desarrollarse creencias más crueles y más limitantes para los individuos que la integraban.

EL MALESTAR DE LAS ZONAS DE CONFORT

 Las sociedades modernas, organizadas fundamentalmente en entorno al pilar económico, y sin importar el grado de desarrollo tecnológico y cívico que encierren, han olvidado el pilar fundamental del hombre en sociedad, a saber, su Ser.

Caminos al odio
El olvido del Ser lleva al odio

Frente a este olvido, han dejado que en su seno se desarrollen seres que no obedecen a su esencia, sino que obedecen al impulso de supervivencia. Un impulso que es controlado, manipulado y tergiversado por las distintas estructuras de poder en beneficio no del conjunto, sino de sectores particulares de la sociedad. Si bien esto era entendible en sociedades arcaicas, donde el mito prevalecía sobre el conocimiento en sí mismo, donde la naturaleza aún tenía la voz cantante en la supervivencia del grupo, hoy en día esta esclavitud, revestida de mil maneras, no es entendible, pero es el común denominador. Incluso en las modernas sociedades, que clasificamos como desarrolladas, el sofoco que produce sobrevivir en ellas es más grande que en aquellas donde el nivel de vida y adelanto es menor ¿Por qué? Pues sencillamente porque la evolución del conocimiento, el desarrollo de las diversas ciencias y su corolario técnico, no fue puesto al servicio del hombre, sino puesto al servicio de un modelo económico que solo persigue el beneficio a cualquier precio. El conocimiento que debería liberar al hombre de su esclavitud a la naturaleza se vendió por un puñado de dólares. Y este engaño, producto de una relación incestuosa entre política y economía, el ciudadano de las sociedades desarrolladas y consumistas lo sabe aunque mire hacia otro lado o compre el último androide.

Quién está libre de pecado
El odio sembrado por la lucha de clases fue sembrado, a su vez, por la esclavitud

 Frente a esta visión, emergió una reacción que intentaba rescatar al hombre de las garras empoderadas del capital, pero lo único que logró fue crear y acrecentar mayores abismos en las relaciones humanas y grupales. El hombre nacido en estos tiempos de luchas sociales, donde se pueden cobijar todo tipo de marxismos y revoluciones, nació herido emocionalmente porque el odio solo engendra odio. Y estas heridas se arrastran de generación a generación y de pueblo a pueblo. El odio de clases, fomentado ante todo por marxismos de todo tipo, se inyectó en toda cultura que caía bajo sus redes. Obviamente, la solución al problema humano de alcanzar una organización armónica no se alcanza a través de la política, mucho menos moldeando un tipo de hombre idealizado en tertulias de salón, sino a través de la espiritualidad. Ojo, espiritualidad, no, necesariamente,  religión. Una religión sin religiosidad, sin espiritualidad, es un árbol sin frutos. Puede servirnos para cobijarnos del sol, incluso para embellecer el paisaje, pero no para alimentarnos de la esencia que somos, el Ser. Dios, el Misterio, no necesita ni templos ni guardianes de la fe, solo hombres que quieran encontrase a sí mismos más allá de las creencias que los moldearon con una falsa identidad y los hicieron caer en los pantanos del odio.

¿ZONAS DE CONFORT O ZONAS DE CONTROL?

En estas sociedades humanas del siglo XXI, desde las latitudes más prósperas hasta las que están presas de regímenes abiertamente inhumanos e incluso sádicos, el hombre se ha visto arrastrado por tradiciones que les obligan a ser lo que no son.

otros te controlan
Tus zonas de confort representan la pérdida de control de tu existencia

No beben de la esencia de su Ser, sino de ideologías políticas y religiosas de todo tipo que solo pretenden anularlo como ser humano e incluso como individuo social, pues le obligan a enfrentarse con quien su ideología tilda de enemigos. En estos escenarios dantescos, el hombre busca desesperadamente oxigenar su alma y entra en las zonas de confort. En estas zonas, el hombre no se encuentra, necesariamente, con él mismo, sino que construye otra identidad en base a gustos o aspiraciones personales, que no, necesariamente, repito, le llevan al encuentro con el Ser que cada uno es. Estas zonas de confort pueden estar repletas de gente con adicciones de todo tipo, con millonarios ebrios de poder y que ven en su caballo a su propio dios, con pobres que son capaces de matar por un puñado de fríjoles, con megalómanos que solo escuchan a Bach y toda otra música es estiércol para los oídos, etc., etc. Estas zonas de confort no llevan a salida alguna porque, sencilla y llanamente, están dentro de la misma sociedad enferma. Las zonas de confort son simples válvulas, espejismos, que el ser humano encuentra para no enfrentarse a esa sociedad enferma que lo manipula y lo anula como ser humano. El hombre es mucho más que sus zonas de confort, mucho más que la suma de todas las creencias, propias y ajenas. El hombre es armonía con el universo que lo creo.

En ti está la solución
Tu verdadero enemigo eres tú mismo

Puedes no verte a ti mismo en medio de este universo, pero no por ello dejas de estar en él. La Conciencia de tu Ser no la da tu consciencia, tu ego, tu mente, el conjunto de creencias que crees que eres, sino el pertenecer a este universo que aguarda tu despertar al Ser que eres. No todo el mundo está preparado para despertar al Ser que es no porque sean lerdos, imbéciles o lo dicte una ley universal, sino porque son incapaces de salir de sus zonas de confort y enfrentarse a sí mismos, a su ego, a sus creencias, su verdadero enemigo.

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